Unión consiguió su primera victoria como visitante en el torneo y no fue una más. El 3 a 1 ante Sarmiento en Junín dejó mucho más que tres puntos: dejó una señal. Una muestra de carácter, de convicción y, sobre todo, de crecimiento. El equipo de Leonardo Madelón hizo prácticamente todo bien.
El primer tiempo fue una demostración de autoridad. Desde lo estratégico, sorprendió desde el arranque: al minuto de juego, Cristian Tarragona ya había exigido a Burray, marcando el tono de la tarde. Unión salió decidido, intenso, convencido de su plan. No especuló. Atacó, presionó y manejó los tiempos.
En lo físico, el despliegue fue notable. Cada jugador entendió su rol y lo ejecutó con energía y concentración. En lo futbolístico, el equipo mostró precisión en el manejo de la pelota y claridad para aprovechar los espacios. Hubo rendimientos individuales muy altos, como el de Profini, que fue eje y equilibrio, pero también se destacó el funcionamiento colectivo. Unión jugó como equipo. Y cuando eso sucede, las individualidades potencian al conjunto.
El segundo tiempo fue más de administración inteligente que de brillo, pero sin perder el control. Sarmiento intentó reaccionar, pero el Tate supo sostener la ventaja con orden y personalidad. El 3 a 1 terminó siendo justo. No hubo exageración en el resultado: fue consecuencia de una tarde donde el plan salió a la perfección.
Con este triunfo, Unión llega a 11 puntos y se ubica cuarto en su zona tras siete fechas. La tabla empieza a mostrar otra realidad, muy distinta a la del arranque. Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿invita a soñar esta remontada?
Si el equipo mantiene esta versión —intenso, preciso, equilibrado y convencido—, claro que sí. No se trata de euforia desmedida ni de adelantarse en el calendario. Se trata de entender que Unión encontró un camino. Y cuando un equipo sabe lo que quiere y cómo lograrlo, el sueño deja de ser una ilusión para transformarse en posibilidad.

