No nos va a alcanzar la vida para darte las gracias

Lionel Messi decidió ponerle punto final a su historia con la Selección Argentina. Y aunque probablemente sabíamos que este momento iba a llegar, hay despedidas para las que nunca estamos preparados. Porque Messi no fue solamente el mejor futbolista argentino de todos los tiempos: durante casi dos décadas se convirtió en una parte de nuestras vidas, en una presencia permanente en los Mundiales, las Copas América, las eliminatorias y también en esas discusiones interminables sobre lo que significaba vestir la camiseta argentina.

Probablemente nos demos cuenta de que estuvimos frente a algo mucho más grande que un futbolista jugando al fútbol.

Durante mucho tiempo, a Messi se le pidió más de lo que parecía humanamente posible. Se le reprochó no ganar con la Selección, se lo comparó permanentemente, se cuestionó su carácter, su compromiso y hasta su manera de sentir la camiseta. Hubo silbidos, críticas, derrotas dolorosas y cuatro finales perdidas. En 2016, después de perder la final de la Copa América Centenario justamente en el MetLife Stadium, Messi sintió que ya no podía más y anunció su renuncia a la Selección. Dijo que era por el bien de todos. Parecía el final de una historia que durante años había sido mucho más dolorosa de lo que muchos quisieron reconocer.

Pero volvió. Y esa decisión terminó cambiando para siempre la historia de la Selección Argentina. Porque Messi no solamente regresó para intentarlo una vez más: regresó para construir la etapa más gloriosa que haya vivido nuestro fútbol. Llegó la Copa América 2021, llegó la Finalissima, llegó el Mundial de Qatar 2022 y llegó otra Copa América. Y entre medio quedaron goles, asistencias, récords, partidos inolvidables y una cantidad de momentos que ya forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones.

Por eso cuesta tanto pensar en una Selección Argentina sin Messi. No solamente porque se va un futbolista extraordinario, sino porque se termina una época. Para quienes crecimos viéndolo jugar, Messi estuvo presente en buena parte de nuestra vida futbolera. Lo vimos debutar, lo vimos crecer, lo vimos perder, lo vimos llorar, lo vimos irse, lo vimos volver y finalmente lo vimos levantar todos esos trofeos que durante tantos años parecieron imposibles. Lo acompañamos en Barcelona, en la Selección y también en cada discusión sobre si alguna vez iba a poder conseguir con Argentina aquello que su talento parecía exigirle.

Y lo consiguió. No ganó todo desde el primer intento, ni tuvo una carrera perfecta con la Selección. Todo lo contrario. La grandeza de su historia también está en las veces que perdió. En haber tenido que soportar críticas cuando probablemente ningún otro futbolista de su generación habría resistido semejante nivel de exigencia. En haber sido señalado incluso después de darlo todo. En haber tenido la posibilidad de elegir otro camino y, sin embargo, haber regresado una y otra vez para ponerse la camiseta argentina.

Quizás por eso su despedida no debería estar marcada solamente por la tristeza. También debería estar atravesada por el agradecimiento. Porque Messi nos permitió vivir cosas que durante muchísimo tiempo parecían reservadas para los recuerdos de nuestros padres y abuelos. Nos permitió volver a hablar de Argentina como campeón del mundo, nos hizo llorar de alegría, nos regaló partidos que vamos a contar durante décadas y consiguió algo todavía más difícil: que millones de argentinos volvieran a sentirse representados por su Selección.

Me cuesta imaginar qué habrá después de Messi. Seguramente aparecerán otros jugadores, otros referentes, otros equipos y otras generaciones. La Selección seguirá existiendo y deberá aprender a caminar sin el jugador que durante tantos años fue su principal protagonista. Pero hay algo que ya no se puede cambiar: Messi dejó una marca que va mucho más allá de los títulos y de los números. Cambió para siempre la relación de una generación entera con la camiseta argentina.

Alguna vez, después de aquella derrota ante Chile en 2016, pensamos que esa historia podía terminar ahí. No terminó. Messi volvió, siguió intentando y terminó levantando todo aquello que alguna vez pareció imposible. Por eso, cuando llegue el momento de mirar hacia atrás y entender realmente la dimensión de lo que vivimos, probablemente nos demos cuenta de que estuvimos frente a algo mucho más grande que un futbolista jugando al fútbol.

Estuvimos frente a una época.

Y quizá por eso, por todo lo que nos hizo sentir, por todas las veces que nos hizo creer, por todas las veces que nos hizo sufrir y, sobre todo, por todas las veces que nos hizo felices, hay una frase que resume mejor que ninguna otra lo que queda después de tantos años: no nos va a alcanzar la vida para darte las gracias, Leo.

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Adriel Driussi
Adriel Driussihttps://adrieldriussi.com.ar
Nací en 1987 en Villa Guillermina, un rincón del norte de Santa Fe. Desde 2010 estoy en Aire de Santa Fe viajando por todo el país cubriendo a Colón y a Unión. Desde 2016 soy corresponsal de TyC Sports en Santa Fe y formo parte de Paso a Paso, el programa deportivo más querido de la televisión argentina. Cada fin de semana, las canchas me regalan historias únicas que tengo el privilegio de contar, viviendo la emoción del deporte junto a quienes lo hacen posible. Cubrí para Aire de Santa Fe el Mundial de Qatar y en 2024 la Copa América en Estados Unidos, eventos históricos que me emocionaron profundamente. Amo a mi familia, mis amigos y a mi pueblo, Villa Guillermina, que siempre será mi ancla.