Colón no logra levantar cabeza en la Primera Nacional. En el estadio Brigadier López y ante su gente, el equipo de Ariel Pereyra volvió a jugar mal y cayó 1 a 0 frente a San Telmo, en un partido que terminó de la peor manera: con silbidos, enojo y una sensación de desgano generalizado.
Con esta derrota, el Sabalero acumula cuatro partidos sin ganar, con tres caídas consecutivas. La campaña comenzó con ilusión, pero rápidamente el equipo perdió rumbo. El juego no aparece, las respuestas anímicas tampoco, y la relación con los hinchas está cada vez más tirante.
Silbidos desde el arranque y otra noche gris en Santa Fe
Apenas los jugadores de Colón salieron a la cancha, los hinchas dejaron clara su postura: “Jugadores, a ver si nos entendemos, nosotros alentamos, ustedes pongan huevo”, retumbó desde las tribunas. Una exigencia directa que habla de lo poco que transmite el equipo dentro del campo.
El primer tiempo fue una muestra clara del mal momento rojinegro: imprecisiones, falta de ideas y poco compromiso. A los 4 minutos, San Telmo casi abre el marcador tras una pelota que cruzó todo el área. Colón respondió con algunas jugadas aisladas, como una guapeada de Facundo Sánchez para asistir a Tomás Gallay, o un remate elegante de Gigliotti que exigió al arquero visitante.
La más clara fue a los 35, cuando Federico Jourdan remató y en el rebote, Nicolás Talpone la estrelló en el palo. Fue el único momento en el que pareció que el local podía desnivelar.
Un error grosero y una derrota que duele el doble
El complemento fue deslucido. San Telmo no hizo mucho, pero Colón tampoco mostró ambición ni recursos. En tiempo de descuento, y cuando el empate parecía inevitable, llegó el blooper: un remate sin demasiada dirección encontró a Marcos Díaz mal parado, y el arquero no pudo controlar una pelota sencilla que terminó en el fondo del arco. Insólito.
Así, Colón perdió un partido increíble, en su cancha, ante un rival limitado, y sumó otro capítulo a una crisis que ya preocupa seriamente. La gente despidió al equipo con silbidos, gritos y reclamos que se hicieron sentir fuerte en Santa Fe.
El futuro de Ariel Pereyra empieza a estar bajo la lupa y el equipo parece perdido, tanto en lo futbolístico como en lo anímico.
